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"Tick, tick... Boom!"; precursora de una generación

“Uno de los mensajes más poderosos del filme es la resistencia y la lucha como forma de vida”, es parte de la crítica de Rafael Vázquez Díaz

RAFAEL VÁZQUEZ DÍAZEnero 03, 2022 
Tiempo de lectura: 6 mins.
El filme trata sobre la vida de Jonathan Larson (Andrew Garfield); un dramaturgo teatral muy reconocido que al igual que otros miles de jóvenes intenta abrirse paso en algún lugar del mundo (FOTO TOMADA DE IG @ticktickboom)

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Es verdad que los musicales no son para todas las personas; las escenas de la vida cotidiana adornadas con trastes musicales y versos sin rima pueden alargar una película eternamente. Adicionalmente, las secuencias musicales suelen contener pistas y detalles que explican gran parte de la trama y que es necesario leer entre líneas para poder entender. Finalmente y como una última crítica a los musicales; hay algunos que son mucho más disfrutables cuando se ven en vivo y con los actores en carne y hueso. 


Si logran disculpar el formato (o al menos darse una oportunidad de disfrutarlo) encontrarán en "Tick, tick... Boom!" (2021) una obra nada ligera, pero sí accesible, de hecho en una audiencia que ronde los treinta años, conecta al instante. 

El gran trabajo de Andrew Garfield queda de manifiesto (tanto que después de verlo ahí y encontrarlo en Spiderman, no pude evitar ver a Jonathan Larson, personaje principal del musical que estoy reseñando). El personaje que representa Garfield es muy icónico de toda una generación condenada; salarios bajos, trabajos precarios e incertidumbre por el futuro, sobre eso es el musical

UNA GENERACIÓN CON MUY POCO QUE PERDER

El filme trata sobre la vida de Jonathan Larson (Andrew Garfield); un dramaturgo teatral muy reconocido, pero al igual que otros miles de jóvenes que intentan abrirse paso en algún lugar del mundo, el camino hacia el éxito está lleno de grandes fracasos, dificultades y pruebas. No obstante, la crítica no es sobre obtener todo sencillo y sin esfuerzo, al contrario, el musical aborda la enorme inequidad entre unos que gozan de las mieles del dinero, de un apellido reconocido y un éxito inmediato y de otros tantos -muchas veces más talentosos- pero que tienen que enfrentarse con no poder pagar techo, comida, servicios y otras tantas cosas que se requieren para poder crear. 

El camino del artista (y que hoy podemos hacerlo extensivo a las y los ingenieros, licenciados y demás egresados de la educación superior), pasa siempre primero por la infraestructura, es más, hasta el amor depende de nuestras posibilidades para poderlo mantener sin que el desgaste de la necesidad haga mella en la relación. 

Jonathan Larson está a unos días de cumplir 30, se compara con otros que lo antecedieron y se da cuenta de que ya “es muy viejo” para poder triunfar en la escena de Nueva York, conocida por su competencia, brutalidad e infelicidad de sus habitantes (como lo reconoce la propia película). Su novia espera que aplace sus sueños y consiga un trabajo “más formal” y mientras las deudas lo aplastan, su pareja lo presiona y hasta sus amigos van transitando a lugares más cómodos -usualmente aceptando trabajos que detestan- él tiene que vivir en un sitio hacinado para poder hacer teatro musical

El problema es que la vida no se detiene; sigue para aquellos que deciden correr con ella pero también arrastra a los que se van quedando y de pronto están inmersos en un vendaval del cuál no pidieron ser parte; las deudas, las obligaciones de adulto, la toma de decisiones y aquella parte de nuestra humanidad que nos orilla a seguir creyendo en un 

mañana mejor, todo mientras pasa el tiempo y nos vemos más viejos en el espejo... tic, tac, corre el reloj. 

¡BOOM! 

Uno de los mensajes más poderosos del filme es la resistencia y la lucha como forma de vida, como meta y no como vehículo a algo más que puede no llegar... cosa que precisamente le ocurrió a Larson. 

De hecho el dramaturgo fue un ejemplo de cómo era posible meter temas importantes para la sociedad (la desigualdad, la pandemia del VIH, la incertidumbre de la juventud) en un formato que estaba acostumbrado a la trivialidad como único motor. Los poderosos mensajes que mandaba provenían desde la experiencia; la relación con su mejor amigo que era VIH positivo, la pérdida de una relación, la cotidianidad de millones de trabajadores que moran en condiciones lúgubres, la inversión económica propia para producir arte.

El caso de Larson podría ser paradigmático, después de pelear, escribir, montar y fracasar en un loop que parecía no tener fin... consigue alcanzar la fama y el éxito. Un Pullitzer y cuatro premios Tony a su trabajo que duró más de una década en Broadway y cuyo éxito el autor no pudo ver, pues así como al título de su trabajo aludía al sonido del tiempo y una bomba por estallar, su corazón falló por un cuadro congénito de aneurisma aórtico

Su fallecimiento a los 36 años y la explosión de su éxito creó una leyenda que alimentó una corriente de teatro musical con letras mucho más profundas y los temas que develó fueron base para la expresión artística de toda una generación que nos criamos con el final del siglo, ahí hay toda una reflexión de vida

Está en Netflix, échenle un ojo y díganme qué les pareció... ¿se sintieron identificad@s? 

 

(Imelda Téllez)

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