En los últimos años muchas series de televisión han investigado la personalidad del asesino y/o el psicópata, tratando quizá de que el televidente empatice con él o, por lo menos, se divierta con su curioso y extravagante comportamiento.

¿Por qué llaman tanto la atención estos individuos? De acuerdo con la psicóloga general sanitaria Ana Belén Medialdea que varios estudios revelan que podemos ser sádicos, de hecho, que muchas personas estarían dispuestas a hacer daño a una víctima inocente (aunque solo aquellas que obtienen una puntuación más alta en sadismo lo hacen cuando la otra persona no se defiende)".

En 2013, investigadores de la Universidad de Augsburgo y la Universidad de Wisconsin Madison realizaron un estudio con personas de entre 18 y 82 años, con distintos niveles de educación, para vigilar su comportamiento.

Concluyeron que las personas quieren ver películas violentas porque buscan conocer el propósito de esa violencia y así tener oportunidad de entender cómo funciona la mente del asesino.

"Por lo general, cuando vemos películas sobre asesinos y psicópatas no solamente nos cuentan un suceso, también tenemos la oportunidad de tener más detalles sobre su vida y lo que les llevó a actuar de ese modo. Esto nos engancha, queremos entender por qué alguien puede hacer algo horrible a otra persona, ya que es una información diferente a la que nos cuentan en las noticias"; dijo la psicóloga en entrevista para El Confidencial.

¿Atracción a los asesinos?

En cambio, la profesora A. J. Marsden, las personas nos sentimos atraídas por los documentales de asesinos porque nos permiten conocer más a fondo las mentes humanas más perversas. Sin tener que sufrir ningún riesgo, podemos analizar algunos de los rasgos de estas personas y las cosas que las motivan para llevar a cabo estos actos tan macabros.

Sostiene que el hecho de conocer más a fondo la conducta de estos individuos también nos ayuda a sofocar nuestro instinto humano de supervivencia. De esta manera podemos ser más conscientes de la realidad de este tipo de situaciones y tomar medidas en nuestro día a día para estar más protegidos. Reveló en entrevista para El Economista.

El interés en el crimen y en particular en los asesinos en serie se ha convertido en algo omnipresente en la cultura popular.

Y como parte de la fascinación, existió en Washington DC, una de las atracciones familiares más populares, era el Museo del Crimen, de propiedad privada. Ahí se podía ver el Volkswagen color arcilla en el que Ted Bundy asaltó y asesinó a decenas de mujeres jóvenes en California en la década de 1970, o algunos trajes del "Payaso asesino" o "Pogo" y los óleos que utilizó para crear cuadros como uno que está colgado en la casa de Schwenk.

El origen de la fascinación 

Mary Ellen O’Toole, quien fue agente del FBI durante 28 años y pasó más de la mitad de su carrera en la Unidad de Análisis del Comportamiento, anota que la “fascinación pública comenzó a finales de la década de 1880, después de una serie de asesinatos de prostitutas no resueltos en Whitechapel, Londres. 

Al responsable se le autodenominó Jack el Destripador. Sus crímenes engendraron leyendas y especulación sobre los autores.

En los años 70 y 80, casos como los de Green River Killer, Ted Bundy y Dennis Lynn Rader (BTK) despertaron un renovado interés por los asesinatos en serie, que floreció en la década de 1990 con el séptimo arte: ‘El silencio de los inocentes’ ”.

Los asesinos seriales

La expresión ‘asesino serial’ fue acuñada por Robert Ressler, agente del FBI, también de la Unidad de Ciencias del Comportamiento, la agencia con mayor autoridad mundial en el tema.

Thomas Neer sostiene: “No hay una explicación única del interés por los asesinos. La fascinación por el mal, el interés legítimo en la investigación criminal, el deseo de entender la mente del asesino o de superar el temor al enfrentarlos indirectamente, el placer vicario de ver a las personas como víctimas pueden ser razones; otros se identifican con los asesinos porque ellos mismos tienen fantasías de matar. Y están aquellos cuya baja autoestima los atrae hacia los que tienen la reputación de malos. A menudo hay un deseo perverso de alimentar la notoriedad del asesino en serie. Muchas mujeres se comunican con ellos en prisión, les profesan su amor, les envían dinero y fotos (a menudo desnudas) y les proponen matrimonio. Baja autoestima es generalmente la motivación”.

Muchos asesinos pueden ser vistos de un modo romántico. “La hibristofilia es la atracción por las personas peligrosas –explica Analía Mougel, médica legista–. Es más frecuente en mujeres y podría ser consecuencia de lo que ocurre cuando las lógicas patriarcales se llevan al extremo”.

aemz