Como ya es costumbre con la raza humana, una vez por temporada nos entra la nostálgica y nos ponemos a revivir a los muertitos del clóset sin darle importancia a la vigencia de su muerte. Bajo la norma de este mismo fenómeno es que ya hemos visto el retorno a la moda de los looks y estética definitiva de los 50; el regreso a la fama de las tendencias de los 80 y 70 (agrupo a ambos porque, de ser honestos, parece ser que nadie que no viviera en esta época conoce a ciencia cierta la diferencia entre el uno y el otro), tanto en indumentaria como en la propia esencia de nuestros productos mediáticos—de dudar de la veracidad de este enunciado tan solo debemos preguntarnos "¿cuántos Terminators llevamos?", y cuando el número resulta rondar por los 6, ahí es cuando sabemos que no ha pasado el tiempo.

Ya desde principios de la pandemia se veía venir que los 90 eran la siguiente década en venir al matadero popular, un hecho vaticinado con el regreso al psique colectivo de películas como Clueless y los varios remakes/reboots/secuelas/reuniones de estandarte de la época como El príncipe del rap, Full House, y Salvados por la campana—pero ningún Alf...dioses de la reanimación televisiva, ¿qué daño Alf les ha hecho? Pero no fue hasta principios de este 2022 que la profecía empezó a cobrar fuerza, con el magnifico regreso de géneros musicales como el bubblegum pop y el punk a la mezconlanza; y el mil veces más desafortunado regreso de la moda noventera (por favor, no caigan en la trampa, vestirse con la ropa vieja de su tio desempleado no es un statement de moda, no volvamos al oscurantismo.)

Si esto no parece ser real, recapitulemos algunos eventos actuales:

A las pruebas me remito. Solo nos faltan las hermanas Olsen para poder declarar esto una propia secuela noventera.

¿Por qué las modas regresan?

Por muy molesto que pueda parecer para todos aquellos que en realidad vivieron en la época que toca zombificar, este proceso de refrito cultural tiene una lógica netamente Edisoniana a nivel sociocultural, como explicó en términos simples el teorista de moda e historiador, James Laver en la llamada "Laver´s Law of fashion", en la cuál el teórico buscaba encontrar los rangos de vida útil de las modas dentro de nuestro pensamiento cultural.

 

En tanto también podemos definir este tipo de comportamientos como una realidad inherente a los sistemas consumistas, ya que es más fácil incentivar el consumo de productos que ya son conocidos por la población, que idear nuevos. Prueba de ello es la cantidad de Mi Pobre Angelito´s que hemos visto en los últimos treinta años--¿cuántas veces puede un niño ser olvidado y darles llegue a criminales profesionales sin siquiera un rasguño?, tal vez jamás lo sabremos, porque no parece que la formula vaya a cambiar en un futuro cercano, sin embargo, seguiremos intentando averiguarlo. Lo mismo aplica con parques de dinosaurios, apocalipsis robóticos, fantasmas en Nueva York, y Julia Roberts buscando amor.      

         Pero más simple aún que todo eso, está el hecho de que el pasado nos causa un confort muy específico como especie—recordándonos de un tiempo color de rosa, a la vez que le damos una manita de gato más moderna para adaptarse a nuestras necesidades y gustos. El pasado nos es familiar, y no todos estuvimos ahí para disfrutarlo. Viviendo rodeado por niñas de 15 años, está verdad se ve más fácilmente expresada en términos de "es que parecía ser una época más simple, y mejor, esta generación está hecha una m"#$da".

La era de los muertos vivientes

Con todo esto en mente, pareciera que cada persona tendrá una opinión diferente sobre esta reencarnación (y las que le sucederán, ¿quién dice "¡2000 ahí te vamos!" conmigo?), sin embargo, de entre las polaridades podemos extirpar un cuestionamiento con el cual pareciera que todos nos podemos relacionar: ¿cuándo es que la nostalgia nos empieza a prohibir avanzar?     

No es que sea un opositor a estos regresos, al contrario, yo soy el primero en la sala cuando una nueva película de Cazafantasmas nos quiere venir a decepcionar, o cada vez que Simple Plan o Blink quieren desempolvar los instrumentos y darle duro una vez más—aunque, como creo que ya quedo claro, la moda si debe de permanecer muerta en cuanto a 90s se refiere, fue un momento oscuro para la estética—; sin embargo, debemos de encontrar un balance, sobre todo para educar a los conglomerados a no explotar hasta la última piedra restante en el islote de refritos con tal de ganar más, es sorprendente que aún no tengamos una película de Tamagotchi a este paso.  

 Por lo pronto, habrá que esperar a ver en que acaba este renacimiento. Si da tan buenos frutos como lo hizo nuestra etapa ochentera, o si está destinado a fracasar. Mientras, yo estaré en el concierto de Blink-182 el próximo 29 de marzo, rompiéndome el cuello para rockear un rato más.

*El autor es Jerónimo Laviada, estudiante de licenciatura de la Universidad Anáhuac. La Silla Rota tiene un acuerdo con la institución educativa de promover textos de su alumnado que han sido trabajados con el cuerpo académico.