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Robo de arte, un efecto colateral de la pandemia

Saqueo, vandalismo y mercado negro; la pandemia y el confinamiento consiguió paralizar el mundo, pero no detuvo a los saqueadores de arte

REDACCIÓNNoviembre 13, 2020 
Tiempo de lectura: 11 mins.
“El arte está ahí para ser apreciado, inspirar y brindar consuelo, especialmente en tiempos tan difíciles como en los que nos encontramos, comentó Jan Rudolph de Lorm, director del Museo Singer Laren (FOTO ESPECIAL)

El coronavirus detonó una pandemia mundial que derivó en una cuarentena, la gente debía resguardarse para evitar contagios y la propagación de virus, de la mano de la crisis sanitaria también llegó el cierre obligado de espacios públicos que tuvieran una alta concentración de personas, tal es el caso de los museos; estos recintos que a pesar de contar con diversas medidas de seguridad quedaron a merced del hampa. Con el mundo colapsado, pocos imaginaron que el robo de arte sería uno de los efectos colaterales de la pandemia, aunque, también es cierto que era el escenario idóneo para el crimen.

Así lo pensaron los ladrones que decidieron entrar a la galería en la Christ Church de la Universidad de Oxford, Inglaterra, para perpetrar lo que la policía local calificó como un "robo de alto valor". Los hampones sustrajeron tres pinturas de los artistas Salvator Rosa, Anthony Van Dyck y Annibale Carracci.

Lo mismo ocurrió al este de Ámsterdam, en el Museo Singer Laren, donde robaron un cuadro de Vincent Van Gogh.

La Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) condenó los robos: “Mientras nos quedamos en casa, los criminales aprovechan el confinamiento para robar”.

Jan Rudolph de Lorm, director del Museo Singer Laren, lamentó el hurto: causa un increíble malestar que esto haya sucedido. El arte está ahí para ser apreciado, inspirar y brindar consuelo, especialmente en tiempos tan difíciles como en los que nos encontramos.

México no estuvo exento de los atracos de arte, la Galería Nuun Arte, ubicada en la capital del estado de Querétaro, fue víctima de un robo en el que fueron sustraídas esculturas y pinturas, entre las que se encontraban cinco obras del escultor originario de Uruapan, Michoacán, Jorge Marín, de quien también durante el confinamiento fueron robadas otras dos obras en la galería New Forum, en Estocolmo, Suecia en Europa.

Entre los efectos colaterales del coronavirus está el robo de obras de arte, vulneradas por la soledad de los espacios de exhibición, bodegas y museos que se han visto obligados a parar actividad. El arte es un patrimonio no sólo cultural, sino económico, y hay un mercado negro de arte en torno a ello. No sólo se roba obra, se falsifica. El hurto de arte debe ser importante en cualquier sociedad. Son pérdidas patrimoniales y también delitos que no deben pasar inadvertidos, condenó Marín, autor de las 'Alas de México', exhibida en la Ciudad de México, en Av. Paseo de la Reforma, y que ha instalado en 13 ciudades de más de tres continentes.

Por otro lado, en la Ciudad de México, fueron sustraídos 15 óleos del artista peruano Alfredo Alcalde y cinco de su hijo Diego, de su taller ubicado en la colonia San Miguel Chapultepec, en la alcaldía Miguel Hidalgo.

El arte es un importante tesoro de los pueblos y por ende se vuelve una tentación para los traficantes, y en esta época de pandemia, aprovechando el drama social, político y económico, lo cultural también se ve afectado y se vuelve objeto de vulnerabilidad, expuso Alfredo Alcalde.

LAS OBRAS ROBADAS

Las pinturas robadas de la galería Christ Church datan de los siglos XVI y XVII.

La costa rocosa, con soldados estudiando un plan (de finales de la década de 1640) de Salvator Rosa.

Salvator Rosa, 'Una costa rocosa, con soldados estudiando un plan' (Christ Church Picture Gallery)

El soldado a caballo (de alrededor de 1616), de Anthony Van Dyck.

Un niño bebiendo (de alrededor de 1580), de Annibale Carracci.

Annibale Carracci, un niño bebiendo (Christ Church Picture Gallery)

¿QUÉ SE HACE CON UN CUADRO ROBADO?

En entrevista, el famoso ladrón de arte Octave Durham, quien se hace llamar “Okkie”, y que fue a prisión por robar dos Van Gogh, reveló las dificultades de comercializar arte robado.

Hace dieciocho años, Durham se robó dos pinturas del famoso Museo Van Gogh en Ámsterdam. En 2004, fue uno de los dos ladrones sentenciados por el delito y solo pasó poco más de 25 meses en prisión. En 2016, la policía italiana encontró las dos pinturas que robó en la pared de la cocina de una casa, en el pueblo de Castellammare di Stabia, cerca de Nápoles, propiedad de Raffaele Imperiale, miembro de un cártel del narcotráfico italiano. Las pinturas volvieron al museo.

“Este es el atraco de arte más fácil que he visto”, dijo Durham, de 47 años, sobre el robo del Singer Laren, que sucedió la madrugada del 30 de marzo.

La policía de los Países Bajos se negó a hacer comentarios sobre su investigación. Sin embargo, Arthur Brand, un detective privado que ha ayudado a recuperar varias obras de arte robadas, dijo que estaba trabajando con la policía en el caso y que vio algunas similitudes en este robo y el delito de Durham.

Ambos fueron robos rápidos, cometidos en cinco minutos por hombres con un mazo. Tanto la pintura robada del Museo Laren, “Jardín rectoral en Nuenen en primavera”, como una de las obras que se llevó Durham, “Congregación saliendo de la iglesia reformada en Nuenen”, muestran la iglesia donde el padre de Van Gogh fue pastor.

“Mi fuerte sospecha es que se trata de un imitador”, comentó Brand, quien verificó que Durham estaba en el hospital en el momento del robo.

A Durham no le gusta la teoría del imitador. “La gente dice que es un ‘aspirante a Okkie’, pero no lo sé. Yo no lo habría hecho así”, dijo en entrevista.

Ahora el ladrón se encuentra en una situación casi similar a la de Durham hace décadas. ¿Qué hacer con un Van Gogh robado? ¿Quién compra una pintura que todo el mundo sabe que es robada?.

“Solo lo hice porque se dio la oportunidad”, dijo Durham. Observó una ventana del museo que pensó que sería fácil de romper. “Tenía un comprador antes de hacerlo. Simplemente pensé que podía venderlas o que, si tenía algún problema, podía negociar con las pinturas”, agregó.

Cuando dice “negociar con las pinturas”, Durham se refiere a usarlas como moneda de cambio con las autoridades de justicia, en caso de que se metiera en problemas por algo más.


A Octave Durham se le ha acusado en varias ocasiones de robo y atraco, incluido el robo de un banco por el que fue absuelto, pero que ahora admite que cometió. En años recientes, ha hablado un poco sobre su pasado, puesto que acordó participar en un documental sobre su vida.

Durham confesó haber cometido otros hurtos, pero insistió en que nunca cometió actos violentos contra sus víctimas (conforme a las leyes neerlandesas, los archivos penales están sellados).

Mi regla número uno es hablar con suavidad, tener un auto rápido y nunca tocar a nadie, dijo.

Mencionó que en su infancia había tenido un vecino que era un delincuente neerlandés: Kees Houtman, quien en 2005 devolvió dos obras de Van Gogh robadas que tenía en su poder a las autoridades judiciales neerlandesas, con la esperanza de disminuir su sentencia de prisión en un caso de contrabando. Esas obras de los primeros años de la carrera de Van Gogh fueron robadas de un museo pequeño ubicado en los Países Bajos, en 1990. Y eso fue algo que Durham nunca olvidó.

Durham comentó que primero les ofreció las obras de Van Gogh robadas a dos delincuentes, pero ambos fueron asesinados antes que el trato pudiera concretarse.

“Soy religioso y supersticioso. Pensé que esas dos pinturas tenían una maldición. Y me dije: ‘No quiero tener nada que ver con ellas’”, confesó.

Al final, él y su cómplice, Henk Bieslijn, les vendieron las pinturas a Imperiale, quien era propietario de una tienda donde se vende marihuana y sus variantes lícitas en Ámsterdam y líder de la Camorra, una red de narcotráfico en Nápoles. Llevó las pinturas a Italia y las escondió en la cocina de su madre, al parecer para mantenerlas a salvo, según dijo Willem Nijkerk, fiscal del ministerio público de Ámsterdam.

Mientras tanto, Durham huyó de Ámsterdam a España, donde la policía lo arrestó en 2003 en Marbella, un pueblo turístico sureño. Los investigadores forenses neerlandeses pudieron comprobar que el ADN de la gorra de béisbol que dejó en el Museo Van Gogh coincidía con el suyo y pudieron condenarlo por el delito, pero se negó a revelar la ubicación de las pinturas.

Más de una década después, cuando la policía italiana estaba investigando a la Camorra, Imperiale confesó mediante una carta que tenía las pinturas; al parecer, con la esperanza de negociar una sentencia más indulgente.

LOS ROBOS MÁS INSÓLITOS A MUSEOS DE ARTE

MONA LISA

En 1911, Vincenzo Peruggia, fue contratado por el Museo de Louvre en París, Francia, para que arreglara los marcos de algunas obras de arte, entre ellas la Mona Lisa.

Un día, después de que el museo cerrara, el ladrón tomó la obra, la puso debajo de su gabardina y salió del museo. Fueron varias horas las que pasaron antes de que las personas de seguridad del museo se percataran que la Mona Lisa no estaba en su lugar.

La policía hizo la búsqueda de la pintura durante dos años hasta que un día un coleccionista en Florencia, Italia recibió una carta de Vincenzo Peruggia para ofrecerle La Gioconda. El coleccionista sospechó y citó a Vincenzo para que la policía lo atrapara.

Vincenzo Peruggia fue capturado y estuvo siete meses en la cárcel.

Después de esto, el Louvre tuvo muchas más visitas de lo normal porque a la gente le dio curiosidad ver la pared vacía de la Mona Lisa robada.

MUSEO ISABELLA STEWART EN BOSTON, ESTADOS UNIDOS

El 18 marzo de 1990, dos hombres disfrazados de policías entraron al museo Isabella Stewart para hacer uno de los más grandes robos de obras de arte en un museo. La táctica fue la de decir que habían recibido una llamada por algún altercado y por lo tanto, tenían que inspeccionar el museo.

Así se llevaron 13 piezas de arte en 81 minutos, mismos que sirvieron para que los ladrones hicieran dos viajes en auto para llevar las obras de arte a otro lado y regresar con el carro para ir por las demás. Todo esto tras esposar a los guardias en turno del museo

Entre las obras que se robaron destacan las de Chez Tortoni de Manet, La tormenta en el mar de Galilea de Rembrandt y El concierto de Johannes Vermeer.

El caso sigue sin resolverse actualmente y se ofrece una gran recompensa para recuperar las piezas.

EL GRITO Y LA MADONNA

El 22 de agosto del 2004, dos hombres armados y encapuchados entraron al Museo Munch de Oslo, Noruega, para llevarse dos de sus obras más emblemáticas: El grito y La Madonna.

Los ladrones amenazaron con lanzar una granada en mano si alguien hacía algo.

Hubo varios testigos, pues las personas que estaban en ese momento en el museo, presenciaron absolutamente todo.

A la vista de todos, los hombres se llevaron estas dos obras, pero dos años, en 2006, después fueron capturados y sentenciados a ocho años de cárcel.

MUSEO DE VAN GOGH

El 7 de diciembre del 2002, Octave Durham y Henk Bieslijn, con ayuda de una escalera, entraron al museo de Van Gogh en Ámsterdam, Países Bajos y tomaron las obras Vista del mar en Scheveningen y Feligreses saliendo de la iglesia calvinista de Nuenen del pintor Vincent Van Gogh.

En cuestión de minutos se robaron ambas obras y salieron del museo haciendo rappel.

Un año más tarde, en 2003, el mafioso italiano Raffaele Imperiale compró las obras de arte por 350,000 euros y los ladrones fueron encontrados para ser sentenciados a 3 años de cárcel, sin embargo, las piezas no fueron encontradas sino 14 años después del robo en 2016 en la casa de la madre de Raffaele Imperiale.


(Nayelli Langarica)


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