Cuando inicia el verano, la vida social se adapta a la nueva temporada aprovechando el clima a su favor. Es ahí donde se comienzan a retomar las reuniones de medio día conocidas como brunch, con las que se busca una convivencia en espacios abiertos para disfrutar de la naturaleza, el calor del sol y el aire libre que puede llegar a correr y refrescar. 

Seguro en más de una ocasión te han invitado a uno. Se ha popularizado tanto el concepto que mucha gente da por entendido que todos los comprenden. Si en tu caso no lo sabes o no terminas de interpretar a qué se refiere, no te preocupes, porque aquí te lo diremos. 

La suma de los factores 

La explicación práctica es que la palabra brunch es la suma de dos conceptos en lengua inglesa, que es el breakfast —que significa desayuno— y lunch —que se refiere al almuerzo del medio día—. Al unirlos, dio como resultado el brunch, que fue definido por el escritor y periodista Guy Beringer, quien escribió un ensayo sobre el mismo en la revista Punch. 

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De origen aristocrático 

Si bien, fue Beringer quien acuñó el término en 1895, los brunch como tal ya existían desde antes, solo que sin un nombre definido para referirse a ellos. 

Históricamente, las familias adineradas y pertenecientes a la aristocracia inglesa contaban con un séquito de empleados a su servicio, que los ayudaban desde vestirse, asearse, atender la casa y sus tierras.  

Todos los días, atendían a sus patrones, a excepción del domingo, que por ley era el día asignado de descanso para todos los trabajadores, que era aprovechado para ir a misa, a la feria, salir o descansar. 

Justo para ese día, el personal de cocina preparaba previamente charolas de comida para sus patrones conformado por una gran variedad de platillos, en su mayoría que pudieran comerse fríos, como ensaladas, o al tiempo, como emparedados, fruta, quesos, entre otros. Ante la ausencia de los empleados, los dueños se despertaban tarde y por lo consiguiente, comían a deshoras, alrededor del mediodía. Fue así como nació el concepto propuesto por Beringer

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Menú para todos los gustos 

Por tratarse de una propuesta de comida que se da entre el desayuno y el almuerzo, es que el menú resulta de los más extenso y permisivo, pues se pueden incluir platillos de ambos horarios, por ello es normal ver la gran cantidad de opciones que hay para probar, desde platos salados hasta dulces, como fruta, jugos, huevos benedictinos—que son super populares en los brunch—, omelettes, bagels, waffles y hot cakes, entre otros. 

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En nuestro país, por ejemplo, se incluyen antojitos mexicanos como parte de las propuestas de restaurantes y hoteles, que son quienes ofrecen este servicio, incluyendo sopes, huaraches, molletes, enchiladas, chilaquiles, barbacoa, carnitas, birria, quesadillas o una gran variedad de estilos de tacos. 

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Para brindar 

No podemos hablar de un brunch sin la bebida por excelencia de estas reuniones, que es la mimosa, que combina jugo de naranja con su dosis exacta de champagne. Aunque también hay café, jugos, smoothies y cocteles con y sin alcohol, conocidos como mocktails. 

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Aunque originalmente los brunch se daban sólo los domingos, el concepto comenzó a adaptarse y ofrecerse otros días. Hay establecimientos que sólo los manejan los fines de semana, otros más los han extendido un par de días más, ya seas desde el jueves o viernes. 

Incluso, como evento social resulta muy favorecedor ofrecer esta modalidad a los invitados, en especial cuando se trata de fiestas infantiles o bautizos, en las que se ofrece un menú variado y fresco para el mediodía de la celebración. 

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